Hola, otra vez por aquí.
Veréis, tengo “cienes y cienes” de motivos para cambiar el paso, para “liarme la manta a la cabeza” y hacer mi existencia un poco más amable, darme el día libre y no acudir a ese arduo trabajo que es ver la vida pasar sin más novedades que el santoral del calendario.
Pero es que, como decía mi abuela, se “ma juntao tó”. Hace unos días, haciendo de tripas corazón y apretándome el cinturón casi a la altura de la hebilla, me di de alta en un gimnasio. Decir que siempre me gustó el deporte y para echarle cara a mi natural ser distante y acomplejado incluso llegué a practicar especialidades en equipo y de cara al público. Ahora, tras años de “tengo que hacer ejercicio” como un mantra, me he decidido a intentar poner mis pies en un centro deportivo por salud (física y de la otra).
Pero heme aquí, discurriendo y escribiendo, cayendo en la cuenta de mi maestría para posponer y sabotearme, para urdir razonamientos en la línea de “no tengo tiempo”, “ahora habrá mucha gente y habrá que pedir la vez para utilizar los aparatos”, etc.
El caso es que la motivación “ha salido a por tabaco” y no sé si volverá, pues aún no he debutado entre mancuernas, máquinas de sudar, agonías del ejercicio, vigoréxicos y gritones que parecen que estén de parto. O sea, no he ido por algo que racionalmente se me escapa y que no es más que miedo a estar con otros, a no saber, a temor a hacer el ridículo, a equivocarme (en eso tengo un máster).
Así que, si nada ni nadie lo remedia, hoy tampoco iré al gimnasio (las alternativas no son para tirar cohetes).
Bueno, espero en unos días comentar por este foro que ya incluso utilizo la cinta de correr sin caer de espaldas y hago allí “vida social” hablando más que balbuceando.
Ánimo a quienes conformáis este foro y hasta otra.
Yo mismo.
Veréis, tengo “cienes y cienes” de motivos para cambiar el paso, para “liarme la manta a la cabeza” y hacer mi existencia un poco más amable, darme el día libre y no acudir a ese arduo trabajo que es ver la vida pasar sin más novedades que el santoral del calendario.
Pero es que, como decía mi abuela, se “ma juntao tó”. Hace unos días, haciendo de tripas corazón y apretándome el cinturón casi a la altura de la hebilla, me di de alta en un gimnasio. Decir que siempre me gustó el deporte y para echarle cara a mi natural ser distante y acomplejado incluso llegué a practicar especialidades en equipo y de cara al público. Ahora, tras años de “tengo que hacer ejercicio” como un mantra, me he decidido a intentar poner mis pies en un centro deportivo por salud (física y de la otra).
Pero heme aquí, discurriendo y escribiendo, cayendo en la cuenta de mi maestría para posponer y sabotearme, para urdir razonamientos en la línea de “no tengo tiempo”, “ahora habrá mucha gente y habrá que pedir la vez para utilizar los aparatos”, etc.
El caso es que la motivación “ha salido a por tabaco” y no sé si volverá, pues aún no he debutado entre mancuernas, máquinas de sudar, agonías del ejercicio, vigoréxicos y gritones que parecen que estén de parto. O sea, no he ido por algo que racionalmente se me escapa y que no es más que miedo a estar con otros, a no saber, a temor a hacer el ridículo, a equivocarme (en eso tengo un máster).
Así que, si nada ni nadie lo remedia, hoy tampoco iré al gimnasio (las alternativas no son para tirar cohetes).
Bueno, espero en unos días comentar por este foro que ya incluso utilizo la cinta de correr sin caer de espaldas y hago allí “vida social” hablando más que balbuceando.
Ánimo a quienes conformáis este foro y hasta otra.
Yo mismo.
