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Para que sirve la tristeza

La tristeza
La tristeza siempre significa adaptarse a una pérdida significativa, sea del tipo que sea. El organismo desciende su energía y su entusiasmo, algo que contribuye a su readaptación.

Esta introspección permite a la persona llorar la pérdida, sopesar las consecuencias que tiene en su vida y planificar un nuevo comienzo.

Son distintas las circunstancias que pueden llevar a la persona a la tristeza, pero todas ellas, como decíamos, implican pérdida: la ausencia de reforzadores o actividades agradables, el dolor, la indefensión, la decepción…

La tristeza se experimenta, generalmente, como una emoción displacentera. Cuando vemos a una persona llorar, intentamos por todos los medios eliminar o distraer a la persona para que deje de sufrir.

En la tristeza se produce una activación neurológica alta y que se mantienen en el tiempo, además de aumentar ligeramente la presión sanguínea o la frecuencia cardiaca.

La función biológica de esta emoción permite a las personas hacer frente a la pérdida, valorando y adecuando su vida a este daño que no puede ser reparado.

Cuando están tristes, las personas focalizan su atención en las consecuencias. Esta tristeza es la que en ocasiones desemboca en depresión a través de la triada cognitiva que propuso Beck.

La persona que está triste se siente con menos energía, se siente desanimada, sin aliento, con melancolía. Pero la tristeza tiene la función de disminuir la actividad y valorar otras aspectos de la vida.

Tiene la función de comunicarse con otras personas y cohesionarse con ellos, de decir que no se encuentra bien y que necesita ayuda. Y esto genera en los demás empatía y altruismo.
 

Sonia

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¿Qué función tiene la tristeza?

Cuando perdemos algo que consideramos importante para nosotros es necesario que experimentemos la tristeza, una de las 5 emociones que consideramos básicas, ya que nos permitirá a asumir y superar dicha pérdida. Es pérdida puede ser duradera (como por ejemplo un fallecimiento) como temporal (despido de trabajo, ruptura sentimental, etc) Podemos sentir tristeza por cosas ocurridas en el pasado, por el presente y por lo que pudiera ocurrir en el futuro. Además es una de las emociones más duraderas.

Todas las emociones tienen un valor adaptativo, es decir, tienen una función relacionada con nuestra supervivencia. En este caso, la tristeza manda un mensaje a nuestro entorno de que necesitamos ayuda, cariño, comprensión y apoyo. A nivel personal nos ayuda a responder a eventos negativos, nos induce a tomar perspectiva sobre nosotros mismos, nos ayuda a reflexionar sobre la situación.

En ocasiones puede ir acompañada de sentimientos de soledad, apatía, autocompasión, desconsuelo, melancolía y desánimo. Decimos que estamos tristes cuando no tenemos motivación y falta de interés por realizar actividades. Por eso, tras una pérdida suele disminuir nuestra energía y el entusiasmo por las cosas que consideremos divertidas. De esta manera podemos llorar la pérdida, valorar sus consecuencias y planificar.

¿Debemos expresar la tristeza?

Claramente sí, al igual que cuando estamos felices sonreímos, cuando estamos tristes debemos expresarlo, es decir no debemos reprimir lo que estamos sintiendo, por ejemplo ante la pérdida de un ser querido no debemos evitar llorar. El expresar que nos sentimos tristes nos permite recibir ayuda, pero también nos ayuda a adquirir recursos y habilidades para superar el proceso. Además favorece la reflexión y el autoconocimiento.
 

Sonia

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La tristeza es una de las emociones reconocidas como básicas, junto con la alegría, la ira, la sorpresa, el amor, el asco y el miedo, forman el repertorio emocional básico. Los seres humanos somos seres emocionales, y por lo tanto, cada una de las emociones, tanto las positivas como las negativas cumple una función adaptativa y necesaria para el equilibrio psíquico y emocional.

La tristeza, aunque es una emoción considerada negativa, es una emoción necesaria en determinadas situaciones adversas, que nos permite la reflexión, el reajuste y obtener el consuelo necesario. Sin embargo, en la sociedad actual, sociedad en la que el bienestar es una imposición, la tristeza no está bien vista y desgraciadamente suele suprimirse con graves consecuencias.

Desde la infancia nos enseñan a reprimir la tristeza, a ocultar nuestras lágrimas y en su lugar mostrar nuestra mejor sonrisa, hacer como sí nada y encerrar nuestra tristeza dentro muy dentro. De este modo los niños y niñas crecen aprendiendo a ocultar la tristeza, ocultarla no va a hacerla desaparecer. Una parte muy importante de la educación emocional consiste en educar a nuestros pequeños para una adecuada gestión de las emociones negativas, permitiendo que cumplan su función y puedan así desaparecer.




El flujo de las emociones
Todas las emociones surgen como respuesta a determinados acontecimientos que nos rodean, a la interpretación que hacemos de los mismos y a como nos sentimos con el acontecimiento y el sentimiento. En la valoración y las sensaciones que acompañan a los acontecimientos son determinantes nuestras experiencias y recuerdos, así como nuestra educación y el bagaje cultural de nuestra sociedad. Es decir, tenemos unas creencias en nuestra mente (fruto de nuestros recuerdos y la transmisión social) sobre lo que nos ha de resultar triste, lo que nos debe dar asco y lo que nos debe provocar alegría o cualquier otra emoción.




¿Para qué sirve la tristeza?
En cualquier caso, toda emoción es la respuesta natural a una situación, una respuesta que tiene una función. En el caso de la tristeza, es la respuesta natural a una situación u acontecimiento que se caracteriza por una perdida, por un fracaso, o desgaste de energía. La tristeza nos provoca un descenso de actividad, desmotivación, y aumento ligero de la actividad cardiaca y neurológica. La tristeza por lo tanto permite la reflexión, el análisis y el encuentro con uno mismo, nos sirve para ahorra energía y descansar tras mucho desgaste. Además la expresión de la tristeza tiene la función de pedir consuelo y apoyo a los seres queridos.

La tristeza es una emoción necesaria para superar la situación adversa, y para lograr el necesario reajuste de la perdida, la adaptación a la nueva situación y el aprendizaje y análisis del fracaso que nos permite el desarrollo. La tristeza, a pesar de ser negativa, cumple una función muy importante, reprimirla solo conlleva consecuencias negativas.



Consecuencias de reprimir la tristeza
Reprimir la tristeza es poner barreras a la recuperación. Ocultarla y hacer como sí nada, es como si al rompernos una pierna intentamos andar como sí nada. Si así lo hacemos, puede que acabe mal sanando la pierna pero mantendremos una lesión para siempre que nos permita andar bien. Con las emociones negativas y en este caso la tristeza ocurre lo mismo, reprimirla solo nos lleva a dejarla dentro, y en muchos casos alimentarla. Negar la tristeza o reprimirla no acaba con ella, esa tristeza acaba saliendo tiempo después, magnificada o acaba alternado nuevas interpretaciones buscando una salida.



Enseñar a los niños y niñas a no negar, a no reprimir su tristeza
Vivimos en un mundo en el que impera el bienestar, en el que la diversión y la gente simpática, optimista y activa son populares y los que no se muestran así caen en el saco de la impopularidad, del poco valor social. Estar feliz se convierte en una obligación, a pesar de las situaciones adversas, a pesar de la pérdida, a pesar del dolor y del fracaso. Pero precisamente para ser feliz, tenemos que dejar que las emociones negativas cumplan su función. Desde pequeños enseñamos a los niños y niñas a no llorar, les decimos expresiones del tipo: “no llores que te pones muy feo/a cuando lloras”, “no pasa nada, no tienes que estar triste”, de este modo poco a poco les transmitimos que estar triste es malo, que no pueden verte triste. Es importante romper con esto y educarles para que sean capaces de sentir todas sus emociones y expresarlas, de vivirlas y aprender de ellas para llegar a ser felices. Veamos algunos consejos:

  • Nunca reprimas su tristeza. En lugar de ello proporciónale consuelo cuando llore.
  • No te burles de su tristeza, ni dejes que otros se burlen de ella. (es muy normal que cuando un niño/a llora, le tachemos de llorica o llorón y se hagan burlas.)
  • Deja que te explique porque está triste, ayúdale a reflexionar gracias a la tristeza y a ir más allá. No se trata solo de llorar, sino de descansar y reflexionar.
  • Permite su tiempo de duelo ante grandes pérdidas o acontecimientos adversos, ese proceso es necesario para el consiguiente reajuste.
  • Explícale que es normal sentirse triste ante determinados acontecimientos, que a ti también te pasa, pero que lo importante es buscar soluciones.
 

Sonia

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¿Quién diría que la tristeza es una emoción que tiene beneficios? Pues de eso os quiero hablar hoy…de la tristeza y sus beneficios.

Dice el diccionario que “La tristeza es el sentimiento de dolor anímico producido por un suceso, que suele manifestarse con un decaimiento, la insatisfacción y la tendencia al llanto. Es la expresión del dolor
La tristeza es una emoción básica e innata en la persona, es decir que tiene sus raíces en lo biológico (desde que nacemos), por lo tanto es una emoción que no podemos controlar ni eliminar pero sí hacer una buena gestión de la misma para evitar que se convierta en un estado emocional permanente.

Durante la vida nos han enseñado que hay emociones buenas y emociones malas. Pero en realidad no hay emociones buenas ni emociones malas, como mucho, pueden ser emociones agradables o desagradables.

Entonces ¿para qué sirven las emociones?Para hacer frente a situaciones propias de la vida, todas tienen su función y necesitan ser expresadas y liberadas.

Concretamente, la tristeza sirve para “curarnos” ante un hecho que conlleva una pérdida importante para nosotros ya sea un fracaso profesional o personal, la pérdida de un ser querido, belleza física, objetos, mascotas, incluso la imposibilidad de adaptarse a un cambio.

La tristeza nos permite parar, tomar distancia, refugiarnos y estar con nosotros mismos con el objetivo de facilitar la reflexión, el proceso de la perdida y la consecuente superación y aceptación de lo ocurrido.

Es por ello que la tristeza y, dicho sea de paso el enfado, es la emoción que nos permite incrementar la capacidad de pensar y analizar. Por lo tanto tiene los beneficios que a continuación os expongo:

1.- Racionalizamos más clara y lógicamente. Al parar y refugiarnos, automáticamente, entramos en un estado analítico más profundo y esto nos ayuda a desarrollar nuestra mente.

2.- Somos más conscientes de lo que sucede. Por el mismo motivo, somos capaces de percibir más cosas de las que ocurren a nuestro alrededor y es beneficioso para la memoria.

3.- Mejora nuestra capacidad de empatizar con otras personas. Con la experiencia que tenemos, es inevitable comprender mejor a la persona que tenemos enfrente. Por este motivo nos volvemos más generosos y justos dejando de hacer juicios que no llevan a ningún sitio.

4.- Las personas que están tristes son más propensas a pedir las cosas con más cortesía y educación.

5.- Y además aumentan la capacidad para realizar tareas difíciles debido a que se agudiza la habilidad de racionalizar.

Si cambias la visión que tienes respecto a la tristeza ahora que sabes para qué sirve, permítete sentirla sin que te asuste y sabiendo que es una emoción que nos ayuda superar y aceptar lo que ha ocurrido.
 

Sonia

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La TRISTEZA es una de las emociones básicas, esto significa que son de esas emociones que con certeza todo el mundo siente y que está debajo y/o conectada con el resto de emociones que podemos sentir en nuestro día a día. Las emociones básicas son cuatro, Ira, Miedo, Alegría y Tristeza, estas cuatro emociones están muy presentes en nuestras vidas y tienen una funcionalidad, es decir nos ayudan. De algunas ya he hablado, como por ejemplo del miedo que ya vimos que nos sirve como protección, y hoy quiero hablar sobre la tristeza, la emoción "fea o difícil" por excelencia.

Todo el mundo ha sentido tristeza alguna vez, al menos que reconozca, y sentimos tristeza mucho más a menudo de lo nos creemos, seguramente no a la intensidad de la tristeza que solemos recordar pero la sentimos. La tendencia de la mayoría de las personas huyen de la tristeza (digo la mayoría porque hay un carácter concreto que siente un aliado en la pena) evitan sentirla e intentan o taparla o que habite el menos tiempo posible. Y es lógico, nos solemos sentir más cómodos y nos gusta más estar alegre, de manera que intentamos evitar lo contrario, además contamos con una iniciativa natural del ser humano que tiende a sentir bienestar, tenemos tendencia a lo agradable, a la felicidad.

Sin embargo la tristeza cumple una función muy importante en nuestra inteligencia emocional.

Para entender mejor las emociones básicas debo explicar un concepto gestáltico muy interesante, "la autoregulación organísmica". Esto es la tendencia que tiene el cuerpo al equilibrio de manera natural e inconsciente. De esta manera y en función a esta norma vamos a tender al equilibrio de manera natural, y si necesito agua mi cuerpo va a mostrar sed para equilibrar esa necesidad, o si nuestro cuerpo siente más temperatura de lo deseado empieza a sudar con la intención de refrescar y bajar la temperatura corporal. En lo emocional funciona igual, si estamos mucho tiempo en contacto con el agobio el cuerpo nos va a pedir tranquilidad, o si nos exigimos demasiado es probable que sintamos cansancio o agotamiento para equilibrarnos con el descanso. En definitiva no podemos separar las dos caras de una moneda, y si tiras una moneda diez veces al aire verás que la tendencia es a cinco de cada cara, haz la prueba varias veces.

Pues en la moneda alegría/tristeza ocurre algo parecido, la tristeza forma parte de nuestro día a día y nos equilibra. A mucha gente le da miedo sentir tristeza, piensa que como la sienta no va a salir de ahí, va a caer en depresión, o que no va a saber qué hacer. Otras me dicen que no les gusta, que no quieren. Mi respuestas es clara, no es algo que podamos elegir ni decidir (aunque algunas personas crean que sí pueden controlarla), y cuanto más natural lo hagas menos daño te hará. Si te apegas a la pena dándole más importancia de la que tiene o pensándola mucho más de lo necesario sí que puede hacerte daño.

¿Para qué sirve la TRISTEZA? pues la tristeza nos puede servir como una alerta, sin duda cuando la tristeza, que no es por empatía, viene a mostrarnos que algo no va bien, algo no se ha hecho correctamente, algo se ha hecho contra natura, en algo te has equivocado y no te has dado cuenta. La tristeza siempre nos trae un aprendizaje, una enseñanza de nosotros mismos de modo que te invito a parar y a mirar dentro, a analizar qué puedes aprender de lo que te tiene así, y te invito a que le des otra revisión y que no te quedes sólo con la primera idea que te ha venido, y sobre todo que no huyas.

Cada vez que te dejas sentir la tristeza estás en sintonía con la naturaleza y te estás asegurando una alegría más intensa y real.

Si esto te cuesta hacerlo por ti mismo/a es normal, no es fácil hacerlo, no dudes en buscar ayuda, créeme que este es uno de los grandes aprendizajes de la vida, de los que te deja muy en paz contigo mismo/a.

Trátate como te gustaría que te tratasen.
 

Sonia

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¿Te ha pasado que a pesar de hacer tu mejor esfuerzo y poner todo tu empeño en ser positivo, en intentar ver el lado amable de la situación, en aprender las lecciones y el propósito de cada experiencia, aún te sientes triste?

A veces y sin darnos cuenta, somos presas de esa ola moderna de positivismo a ultranza que nos lleva sentirnos peor cuando comprobamos que todos nuestros esfuerzos por pasarnos al lado soleado, sonriente y amable de la vida han sido en vano. La buena noticia es que no es así, nada ha sido en vano y, aunque de momento no lo veas, estás creciendo adentro, desarrollando capacidades y cualidades importantes y necesarias para ti, para tu bienestar y tu felicidad. Estás evolucionando hacia otro nivel de conciencia que te llevará a ser y vivir cómo quieres. Aunque no lo puedas ver, esto no significa que no esté sucediendo.

La metáfora que se me ocurre para describir este proceso es el arte de cultivar y cosechar. A veces pasa mucho tiempo para que la semilla germine, pero de igual manera continúa atendiéndola, regándola, haciendo tu parte. Un buen día y a su debido tiempo, verás brotar su primer retoño y luego te sorprenderá el tallo que crece con sus primeras hojas, para cada día continuar siendo testigo de la magia y el asombro por la planta que ha nacido gracias a tu cuidado, presencia y atención. Todo proceso por definición requiere tiempo antes de que podamos comenzar a cosechar y disfrutar de los frutos que nos son entregados.


Las situaciones nos son buenas o malas por sí mismas, los hechos en realidad casi siempre son neutros, es nuestra interpretación quien les confiere esas clasificaciones y los categoriza. Lo que sucede en la vida nos proporciona información, la cual no tiene por qué ser buena o mala, simplemente es. Los hechos, los datos, la información son instrumentos y su utilidad dependerá del uso que le demos. En este mundo todo existe junto a su contrario, lo positivo y lo negativo, la alegría y la tristeza, el yin y el yang, la luz y la sombra. Los opuestos se complementan para conformar el todo. Ambos son valiosos y necesarios.

Si una emoción como la tristeza, eminentemente adaptativa, aparece día tras día, será mejor hacerle caso. La función principal del sentimiento de tristeza es digerir y procesar los duelos, lo que ha sucedido, la realidad que estás viviendo. Se trata de darte tiempo para poder reordenar tus emociones, situando en su lugar los golpes que a veces nos da la vida. Regálate el espacio y el tiempo que necesites para poder entender todo lo que estás viviendo adentro, no sólo a nivel cognitivo, sino emocional, que tiene un ritmo completamente distinto.

Sería interesante dar a tu tristeza un espacio para comprender aquello que te hace sufrir, para que tomes conciencia y aprendas las lecciones que te han sido entregadas. De lo contrario es probable que cada intento por escapar, traiga como resultado que continúes hundiéndote aún más en el pozo. La felicidad es un tema interior, un tema del alma, se crea y se expresa de adentro hacia fuera. Cuando la usamos como máscara actuando el mandato exterior de ser felices a como de lugar, haces con la felicidad lo mismo que hace la gente cuando intenta hacerse el gracioso, el culto o la guapa. Una parodia de sí mismo. Si quieres ser feliz, comienza por darle un espacio a tu tristeza.
 

Sonia

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Las situaciones no son buenas o malas por sí mismas, los hechos en realidad casi siempre son neutros.

Las emociones básicas son cuatro, Ira, Miedo, Alegría y Tristeza, estas cuatro emociones están muy presentes en nuestras vidas y tienen una funcionalidad, es decir nos ayudan. Y necesitan ser expresadas y liberadas.

Todas las emociones tienen una función relacionada con nuestra supervivencia. En este caso, la tristeza manda un mensaje a nuestro entorno de que necesitamos ayuda, cariño, comprensión y apoyo.

La tristeza es una emoción básica e innata en la persona, es decir que tiene sus raíces en lo biológico (desde que nacemos), por lo tanto es una emoción que no podemos controlar ni eliminar pero sí hacer una buena gestión de la misma para evitar que se convierta en un estado emocional permanente.

Cuando perdemos algo que consideramos importante para nosotros es necesario que experimentemos la tristeza, ya que nos permitirá asumir y superar dicha pérdida

El organismo desciende su energía y su entusiasmo, algo que contribuye a su readaptación.
Esta introspección permite a la persona llorar la pérdida, sopesar las consecuencias que tiene en su vida y planificar un nuevo comienzo.

Tenemos unas creencias en nuestra mente (fruto de nuestros recuerdos y la transmisión social) sobre lo que nos ha de resultar triste, lo que nos debe dar asco y lo que nos debe provocar alegría o cualquier otra emoción.

La tristeza nos provoca un descenso de actividad, desmotivación, y aumento ligero de la actividad cardiaca y neurológica. La tristeza por lo tanto permite la reflexión, el análisis y el encuentro con uno mismo, nos sirve para ahorrar energía y descansar tras mucho desgaste.

La tristeza, a pesar de ser negativa, cumple una función muy importante, reprimirla solo conlleva consecuencias negativas. Reprimir la tristeza es poner barreras a la recuperación.

La tristeza nos permite parar, tomar distancia, refugiarnos y estar con nosotros mismos con el objetivo de facilitar la reflexión, el proceso de la perdida y la consecuente superación y aceptación de lo ocurrido.



Si cambias la visión que tienes respecto a la tristeza ahora que sabes para qué sirve, permítete sentirla sin que te asuste y sabiendo que es una emoción que nos ayuda a superar y aceptar lo que ha ocurrido.

Nos solemos sentir más cómodos y nos gusta más estar alegre, de manera que intentamos evitar lo contrario, además contamos con una iniciativa natural del ser humano que tiende a sentir bienestar, tenemos tendencia a lo agradable, a la felicidad.

Vamos a tender al equilibrio de manera natural, y si necesito agua mi cuerpo va a mostrar sed para equilibrar esa necesidad, o si nuestro cuerpo siente más temperatura de lo deseado empieza a sudar con la intención de refrescar y bajar la temperatura corporal. En lo emocional funciona igual, si estamos mucho tiempo en contacto con el agobio el cuerpo nos va a pedir tranquilidad, o si nos exigimos demasiado es probable que sintamos cansancio o agotamiento para equilibrarnos con el descanso.

Si una emoción como la tristeza, eminentemente adaptativa, aparece día tras día, será mejor hacerle caso. La función principal del sentimiento de tristeza es digerir y procesar los duelos, lo que ha sucedido, la realidad que estás viviendo. Se trata de darte tiempo para poder reordenar tus emociones, situando en su lugar los golpes que a veces nos da la vida.
 

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Las situaciones no son buenas o malas por sí mismas, los hechos en realidad casi siempre son neutros.

Las emociones básicas son cuatro, Ira, Miedo, Alegría y Tristeza, estas cuatro emociones están muy presentes en nuestras vidas y tienen una funcionalidad, es decir nos ayudan. Y necesitan ser expresadas y liberadas.

Todas las emociones tienen una función relacionada con nuestra supervivencia. En este caso, la tristeza manda un mensaje a nuestro entorno de que necesitamos ayuda, cariño, comprensión y apoyo.

La tristeza es una emoción básica e innata en la persona, es decir que tiene sus raíces en lo biológico (desde que nacemos), por lo tanto es una emoción que no podemos controlar ni eliminar pero sí hacer una buena gestión de la misma para evitar que se convierta en un estado emocional permanente.

Cuando perdemos algo que consideramos importante para nosotros es necesario que experimentemos la tristeza, ya que nos permitirá asumir y superar dicha pérdida

El organismo desciende su energía y su entusiasmo, algo que contribuye a su readaptación.
Esta introspección permite a la persona llorar la pérdida, sopesar las consecuencias que tiene en su vida y planificar un nuevo comienzo.

Tenemos unas creencias en nuestra mente (fruto de nuestros recuerdos y la transmisión social) sobre lo que nos ha de resultar triste, lo que nos debe dar asco y lo que nos debe provocar alegría o cualquier otra emoción.

La tristeza nos provoca un descenso de actividad, desmotivación, y aumento ligero de la actividad cardiaca y neurológica. La tristeza por lo tanto permite la reflexión, el análisis y el encuentro con uno mismo, nos sirve para ahorrar energía y descansar tras mucho desgaste.

Reprimir la tristeza es poner barreras a la recuperación.

Si cambias la visión que tienes respecto a la tristeza ahora que sabes para qué sirve, permítete sentirla sin que te asuste y sabiendo que es una emoción que nos ayuda a superar y aceptar lo que ha ocurrido.

Nos solemos sentir más cómodos y nos gusta más estar alegre, de manera que intentamos evitar lo contrario, además contamos con una iniciativa natural del ser humano que tiende a sentir bienestar, tenemos tendencia a lo agradable, a la felicidad.

Vamos a tender al equilibrio de manera natural, y si necesito agua mi cuerpo va a mostrar sed para equilibrar esa necesidad, o si nuestro cuerpo siente más temperatura de lo deseado empieza a sudar con la intención de refrescar y bajar la temperatura corporal. En lo emocional funciona igual, si estamos mucho tiempo en contacto con el agobio el cuerpo nos va a pedir tranquilidad, o si nos exigimos demasiado es probable que sintamos cansancio o agotamiento para equilibrarnos con el descanso.
 

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Las emociones básicas son cuatro, Ira, Miedo, Alegría y Tristeza.

Todas las emociones tienen una función relacionada con nuestra supervivencia.
En este caso, la tristeza manda un mensaje a nuestro entorno de que necesitamos ayuda, cariño, comprensión y apoyo.

Es una emoción que no podemos controlar ni eliminar pero sí hacer una buena gestión de la misma para evitar que se convierta en un estado emocional permanente.

Cuando perdemos algo que consideramos importante para nosotros es necesario que experimentemos la tristeza, ya que nos permitirá asumir y superar dicha pérdida


Tenemos unas creencias en nuestra mente (fruto de nuestros recuerdos y la transmisión social) sobre lo que nos ha de resultar triste.

La tristeza nos provoca un descenso de actividad, desmotivación, y aumento ligero de la actividad cardiaca y neurológica. La tristeza por lo tanto permite la reflexión, el análisis y el encuentro con uno mismo, nos sirve para ahorrar energía y descansar tras mucho desgaste.

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